Un secreto para ser un poco más feliz

T1 Episodio 42

Las historias que perduran durante miles de años guardan aprendizajes de incalculable valor.

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Sólo sobreviven las más valiosas. Eso es así.

Y la que vas a escuchar hoy se ha transmitido de generación en generación desde los tiempos del primer Buda.

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¿Sabes cuál es el secreto para ser verdaderamente feliz?


LA HISTORIA

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Poco después de alcanzar la iluminación, el primer Buda volvió a su tierra natal, para visitar a su familia. 

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La gente no podía creerse su transformación. 

Parecía otra persona. Desprendía felicidad por todos los costados. Una energía contagiosa que iluminaba a todo el que estaba cerca de él. 

Todos estaban intrigados. Querían saber más. Querían ser como él. Y mucha gente joven quiso seguirlo. 

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Harían cualquier cosa con tal de alcanzar semejante libertad.

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Tal fue el furor, que incluso se unió a él el gobernador de la región. Un hombre inmensamente rico llamado  Baddhiya, el protagonista de esta historia.

Dejo atrás sus posesiones, su vida y se ordenó monje.

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Así es como acabó en un monasterio.

Durante los primeros tres meses, Baddhiya practicó, practicó y practicó. Todos los días, con una gran disciplina

La vida allí era dura, y requería mucho trabajo y dedicación.

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Una noche, mientras practicaba meditación en el bosque, abrió la boca en medio del trance. Y empezó a decir:

¡Oh, mi felicidad! ¡Oh, mi felicidad!

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En su anterior vida como gobernador, siempre había dormido en habitaciones preciosas. 

Había estado protegido por los soldados más valientes y había comido los manjares más caros del reino. Siempre con los mejores sirvientes.

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Pero ahora, estaba allí. 

Solo, en medio de un bosque. Vestido con una especie de saco de patatas. Algo mundano, simple y sin estilo. Siendo uno más. 

Sus lujos se habían ido para no volver.

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No habría más bailes en su honor. Ni más joyas, ni regalos traídos desde los lugares más exóticos del reino.

Toda esa vida había quedado atrás. Para siempre. Sin remedio. Ahora, su única posesión eran esa prenda roída y un cuenco con el que pedir comida. 

Nada más. 

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Los demás monjes empezaron a oír sus gritos desde todos los rincones del bosque. Se preocuparon. Comenzaron a comentarlo unos con otros.

Era imposible no escuchar los gritos desgarradores de Baddhiya.

¡Oh, mi felicidad! ¡Oh, mi felicidad!

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Todos estaban preocupados

Claramente, aquel problema pondría en peligro a toda la comunidad. Estaba alterando la paz de sus compañeros. Creando intranquilidad, y generando dudas.

Sobre todo, generando muchas dudas.

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¿Habían hecho bien en dejar sus vidas atrás? Se arrepentirían más compañeros a partir de aquel momento?

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¿Sería el final del monasterio y de la orden?

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A la mañana siguiente, muy preocupado, uno de los monjes se acercó a Buda. 

Le contó lo que había sucedido. Cómo les estaba afectando, y sus temores sobre el futuro.

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Buda lo miró sin cambiar su expresión. 

Su cara era difícil de interpretar. Su única respuesta fue pedir organizaran una asamblea.

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Interrogaría a Baddhiya personalmente. Delante de todos sus compañeros.

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El nerviosismo se palpaba en el ambiente. 

Nadie se atrevía a decirlo, pero todos tenían dudas. No estaban seguros de haber tomado la decisión correcta. Temían haber cometido un enorme error. Haber desperdiciado sus vidas.

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Cuando entró el antiguo gobernador en la sala, todos estaban callados. Tensos, muy tensos.

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Buda rompió el silencio:

—Hermano Baddhiya, ¿es cierto que la pasada noche, durante la meditación, comenzaste a gritar “Oh mi felicidad, oh mi felicidad”?

—Es cierto, maestro Buda.

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Un murmullo se apoderó de la sala. Fue la confirmación para aquellos que se habían enterado por otros. Los que dudaban, vieron que era cierto. Malas noticias para todos.

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—¿Por qué? —preguntó Buda.

—Durante la meditación, me vino a la mente mi anterior vida. Recordé todos los lujosque tenía. Los sirvientes, los manjares, las joyas, los guardaespaldas… Tenía todo cuanto una persona podría desear… Todo.

»Siempre he vivido con miedo. Miedo a que la gente me robara mis tesoros, a perder el poder. A que me envenenaran mis enemigos, a que alguno de mis guardias fuera un agente doble. A que me asesinaran.

»Pero ahora, sentado a los pies de un árbol y meditando, me sentí libre por primera vez. Ya no tengo nada que perder. Nada. Disfruto profundamente cada momento. Estoy presente, vivo.

»Nunca había sido feliz, pero ahora lo soy. Soy muy feliz. Por eso empecé a gritarlo en medio de la oscuridad. No pude evitarlo. Tenía que dejarlo salir.

»Lo siento mucho, maestro. He molestado a mis hermanos, y os pido perdón a todos.

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Sólo entonces, se dieron cuenta de que las palabras de Baddhiya no eran más que una expresión de su inmensa felicidad.

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LA CONCLUSIÓN

Muchas veces pensamos que las cosas que tenemos son las que nos dan la felicidad.

Que nuestros objetos mejoran nuestras vidas. Nuestro teléfono, nuestros ordenadores, nuestra ropa.

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Pero, a veces, no son más que un arma de doble filo.

La ansiedad de quedarte sin batería, justo en el momento que te va a hablar esa persona. ¿Y si piensa que pasas de ella? ¿Y si te abandonan tus amigos?

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Las cosas importantes en la vida no se pueden comprar ni vender. No hace falta dejarlo todo e irse a un monasterio para darse cuenta.

No hace falta esperar a perderlo todo para empezar a valorar lo que tenemos.

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Espero que te pases toda la semana sintiendo agradecimiento. Nosotros nos vemos el domingo que viene.

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indiPe.

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PD:

Es muy fácil empatizar con la historia de Baddhiya. Todos sabemos lo que es pensar que al comprar aquello nos sentiremos más felices.

Pero, al final, no encontramos la felicidad en eso… Y, al momento, ya estamos buscando la siguiente cosa que sí nos dará la felicidad en cuanto la compremos.

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¿Y si no viene ningún Buda a salvarnos? ¿Qué va a ser de nosotros?

Para eso hemos creado nuestro curso de planificación.

Para que aprendas a establecer tus objetivos de vida. Para que encuentres tus sueños, y que estos den un propósito a tu vida.

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Aprender qué es lo que realmente queremos. Encontrar aquello que te va a dar la felicidad a largo plazo. Aquello que te motivará y dará ilusión por las mañanas.

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