UN MAL DÍA

Un párrafo inconcluso amenazaba con dar al traste con todos sus planes. Intranquilos en la redacción, los lectores expectantes. Una reputación en juego y un mar de dudas.

Miedo al espacio vacío, un mundo en blanco. Ante la duda, surge la incertidumbre. La incertidumbre genera desasosiego, y este lleva a la sinrazón. Nervios infundados, que se convierten en ansiedad. La ansiedad se lo lleva todo, empezando por la lógica.

Todo deja de tener sentido. Todo lo malo fluye más deprisa. Todo lo neutral se ralentiza. Lo bueno, desaparece. 

¿Quién le ha dicho a usted que esto tendría que ser fácil? En realidad, mucha gente. Se suponía que tenía un don. Se suponía pasión, predilección por las letras, un talento natural. Una vocación innata, un destino marcado, gloria y júbilo. Todo ello destacaba cada vez más en su cabeza, marcado por el brillo de su ausencia. 

Le parecía increíble que en esa situación…

—¿Pancho? —¿de dónde venía esa voz que interrumpía sus pensamientos…?— ¿Pancho, se encuentra bien?

—Mmm… sí, creo que… 

—Pancho, ¿ha terminado el examen? 

—¿Qué…?

—Tiene que entregármelo, como ya han hecho todos sus compañeros. Espero que esta vez le haya salido bien, porque no me gustaría tener que volver a hablar con su madre.

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