Cómo aumentar la confianza en ti mismo con la sopa de Hasán

T1 Episodio 15

Cómo aumentar la confianza en ti mismo, cómo proyectar seguridad y ser una autoridad allá donde estés…

efectivamente,

con una historia sobre sopa.



Nos gusta la excelencia.

Eso está claro.

Es lo que buscamos.

De eso va esta newsletter.

Por eso estás aquí.

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Dicho esto, creo que es un buen momento para hablar sobre sopa.

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Bueno.

Y, de paso, contarte una historia.


UNA HISTORIA

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Hasán era un tío muy rico y poderoso.

De esos que mandan.

De esos que no le tienen miedo a nada.

¿Que quiere algo? Lo compra.

¿Que quiere otra cosa? Lo ordena.

Ese tipo de persona.

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Pero a Hasán también le gustaba la excelencia.

Así que se fue a estudiar con el maestro Abdul Effendi.

Un tío muy sabio.

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Y este le dio una lección a Hasan.

Una lección con la que también nos vamos a quedar nosotros.

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—¡Ve al mercado y tráenos cuarenta kilos de tripas! —le dijo el maestro—. ¡Pero debes traerlas cargándolas sobre tus espaldas!

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Allá se fue Hasán.

Al otro extremo de la ciudad.

Compró las tripas y las cargó.

Sanguinolentas.

Empapado en sangre.

Pingando.

Oliendo mal.

Chorreando.

Todas las miradas puestas en él.

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En un tío como él.

Totalmente humillado.

Un auténtico suplicio. Una tortura para su mente.

Igualmente lo hizo.

Era fuerte y quería aprender.

Aguantó.

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A su regreso, por fin, hora de cocinar.

Fin de la tortura.

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Pero.

Siempre hay un pero.

Las tripas no entraban en el caldero.

Y a Hasán, le esperaba una lección.

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—¡Eso no es problema! —dijo el maestro con alegría—. ¡Hasán irá a casa del charcutero a por un caldero más grande! ¿Verdad, Hasán?

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¿Otra vez?

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Seguía pingando, sucio y oliendo fatal.

La casa del charcutero estaba en la otra esquina de la ciudad.

Tendría que recorrerla de nuevo.

Revivir la humillación.

Resignación.

Mucha impotencia.

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Igualmente, allá se fue.

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Mortificado.

Tuvo que repetir el proceso.

Con toda su paciencia.

Aguantó el sufrimiento.

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Trajo el caldero a su maestro.

Se limpió, al fin.

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Entonces.

Sucedió algo que te sorprenderá.

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El maestro le dijo:

—¡Vuelve a hacer el camino y pregúntales a todos los transeúntes con los que te cruzaste si han visto a algún hombre llevar un montón de tripas sobre sus espaldas!

(No sé por qué el maestro hablaba siempre entre exclamaciones. Igual se pasaba el día gritando)

En fin.

Así lo hizo Hasán.

Preguntó a todos.

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Y WTF…

Nadie había visto a ese hombre.

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A su regreso, el maestro le hizo repetir el proceso. Esta vez en el camino del charcutero.

Mismo resultado.

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—Como ves —dijo el maestro—, nadie te ha visto. Tú creías que la gente se fijaba en ti, pero eres tú quien proyectaba tu mirada en los demás.

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UNA LECCIÓN

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¿Te resulta familiar esta historia?

¿Por qué hacemos este tipo de cosas?

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Para bien o para mal, no eres el centro del universo.

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A la gente le das igual, pero en plan bien.

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¡No seas tú quien proyecte su mirada sobre los demás!

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Seguiremos buscando la excelencia la semana que viene.

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indiPe.

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