Así se solucionan todos tus problemas

T1 Episodio 4


Complejidad, dos científicos y una teoría… en menos de 2 minutos.


PROBLEMAS

Lo creas o no, hay gente que se dedica profesionalmente a desenmarañar la ciencia de la complejidad. Tal es el caso de Brenda Zimmerman y Sholom Glouberman —de de las universidades de York y Toronto, respectivamente—.

Como expertos en la materia, propusieron una clasificación de los problemas en tres grupos diferenciados: los simples, los complicados y los complejos.


1. PROBLEMAS SIMPLES

Según esta clasificación, los problemas simples son aquellos en los que la solución consiste en seguir una receta determinada —un algoritmo—. Siguiendo la receta, hay una altísima probabilidad de éxito. El ejemplo clásico es hornear un pastel. Si sigues todos los pasos de la receta, tendrás un pastel —con *casi* total probabilidad, ya que siempre puede caer un meteorito encima de tu casa mientras lo horneas… never forget—.

2. PROBLEMAS COMPLICADOS

Son aquellos que se pueden dividir en una serie de problemas simples, como diseñar un cohete que vaya a la luna.  El problema, es que no hay receta. La receta la estás creando tú. Entonces… es un follón. Las dificultades imprevistas son frecuentes. Suelen requerir a varias personas, a menudo varios equipos y experiencia especializada. El tiempo y la coordinación se convierten en preocupaciones serias.

3. PROBLEMAS COMPLEJOS

Los problemas complejos son aquellos en los que los resultados son inciertos, haya receta o no. La experiencia es valiosa, pero no suficiente. Existen tantas variables que es imposible determinar un resultado a partir de una secuencia de acciones. Existen variables intrínsecas al problema.

¿Un ejemplo? Criar a un hijo. Aunque repitas el mismo proceso con otro niño, el resultado no está asegurado. Todos son diferentes entre sí, no responden igual. Nunca obtienes el mismo resultado, jamás podrás anticiparlo.


¿Alguna moraleja?

Puedes convertir problemas complicados en problemas simples. Una vez has construido el primer cohete, puedes repetir el proceso con el segundo. ¿Es sencillo? No. Pero ya tienes una receta.

No pierdas tiempo pensando desde cero problemas que se solucionarían con una receta. Repite pasos, crea hábitos, genera rutinas.

Para que lo interiorices: no pierdas el tiempo, nunca vuelve.

Respecto a los problemas complejos… ¡no te pierdas ningún episodio de · SABIDURÍA UNIVERSAL · by indiPe! Seguiremos aprendiendo en los próximos números 😉

¡Un saludo!

indiPe

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