POR AQUEL ENTONCES

No tenía ni idea. Nada estaba claro. Simplemente sabía que tenía un mono bailando dentro de mi cabeza. Dando vueltas, queriendo llamar mi atención. Tenía que encontrar alguna manera de dejar que se desahogara. Conseguir alguna distracción, algún rato de calma.

Hacer un blog no me pareció la peor de las ideas. Creación libre, rápida y efímera. Aprender y compartir. Pero me faltó consistencia. En eso y en tantas otras cosas. Que tampoco yo sabía vivir, y estaba improvisando.

Ahora, sigo sin tener ni idea. Sigo sin saber vivir y sigo improvisando. Pero he aclarado algunas cosas. He aprendido mucho y sigo aprendiendo. Porque soy tan inquieto como el mono que intenta llamar mi atención. Que lo creas o no, es tan real como tú o yo. Y tantos años después, vuelvo a pensar que es buena idea compartir ese camino y los aprendizajes que va dejando a su paso. Algunos ayudarán a otros tanto como me han ayudado a mí. Otros, estarán dedicados a ese pequeño simio sin el que no podría vivir. Porque también él se lo merece, a su manera.

No sé si algún día llegaré a tener idea. Pero sí sé que seguiré aprendiendo. Y sé que me gustaría compartir mis ideas con la gente con la que tengo intereses y curiosidades en común. Y con todos los pequeños animales que habitan en sus cabezas.

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