NUNCA A LA DERIVA

La perfección es esquiva, como tantas otras cosas inexistentes. Aduladora, encantadora de serpientes. Un engaño de masas e individuos. La guinda de un pastel fantasma. Un chicle en un apagón. 

Pero si mostrara una pata bajo la puerta, habría un café. Eso seguro. Habría un rato a solas y otro acompañado. Que, a veces, es lo mismo. Habría ojos brillando y libros. Habría música. Más tarde lloros. Mucho más tarde. Aprendizaje. Un paseo, algo de naturaleza. Un gran espacio con ventanales. Mucha luz. Grandes vistas. Un piano de cola. Gente brillante. Ideas revolucionarias. El futuro en un papel. El de todos. Primero en tu cabeza, después en la de ellos. Mucho más tarde, en la de el resto. Una utopía en una servilleta. 

Horus mediante, acción. Vibración. Emoción y entretenimiento. A veces compañía, otras no. En el fondo, es lo mismo. Siempre avance, siempre más. Eustrés constante. Pausa al alba, ojos brillando y libros. Música y luces. Luces y música. Fuegos artificiales. Serán más tarde lloros. Pero mucho más tarde. Qué bien se está, cuando se está bien.

Entendimiento incomprensible. Verso en prosa. Otro gallo canta. La aguja del pajar en tus manos. Tú, en sus brazos. Nada sobra y todo pasa. Rápido. Estaciones en movimiento. Repaso mensual. Reinvención por lustros. Un barco navegando. A veces aproado, nunca a la deriva. Nunca a la deriva. 

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