Cómo anticipar un futuro de éxito con un malvavisco

T1 Episodio 18

Cómo predecir el futuro de una persona,

su éxito en la vida,

su posición financiera,

sus aspiraciones y resultados…

con nubes,

con nubecillas,

de esas que se queman en las pelis en los campamentos de verano…

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Y una lección.

Una de esas lecciones que cambian vidas.

De las que separan a la gente que le va bien, de la que depende de la suerte.

La lección vendrá al final.


Siempre me han maravillado las escenas familiares de las películas.

La felicidad, la amistad inquebrantable, esa familia que siempre estará a tu lado.

La hoguera, la chimenea, el bidón en el callejón.

El fuego.

Siempre tiene que haber fuego.

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Pero, para que la felicidad sea completa, tienes que pinchar en un palo una de esas nubecillas.

Comértela con mucha felicidad.

Y sonreír a cámara.

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Siempre me he preguntado: ¿cómo se llaman esas nubecillas?

Y lo que me parece más importante, ¿puedo comprar de eso aunque no tenga chimenena?

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En fin.

Resulta que se llaman malvaviscos.

Y sobre malvaviscos va la historia de hoy.

Efectivamente, después vendrá una lección.

Una de las buenas.

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UNA HISTORIA

Esta historia es una de mis favoritas.

Es real.

Es simpática.

Es importante.

Y te enseña muchas cosas sobre la vida.

Te enseña a ser mejor, y te hace entenderte mejor a ti mismo.

Pero sobre todo, me parece simpática.

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Imagínate a un niño.

Un tierno niño de cinco añitos.

Que se va de excursión con su madre.

Lo lleva a unos impresionantes laboratorios.

Señores en bata, probetas, aparatos brillantes…

Un sueño para un niño. Como estar dentro de una película.

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Está disfrutando. Todo es nuevo. Todo es diferente.

Todo le parece alucinante.

Está distraído.

Demasiadas cosas para mirar.

No les capaz de prestar atención a todo.

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De repente, se da cuenta que lo han llevado a una sala.

Una pequeña sala blanca.

Vacía.

Con una mesa en el centro.

También una silla.

Ambas blancas.

Nada más.

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El señor de la bata saca un malvavisco de su bolsillo.

¡Ay!

¡La felicidad hecha comida!

Sólo con verlo, el niño empieza a salivar.

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Deja el malvavisco encima de la mesa, y le dice al niño:

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—Voy a dejar esto aquí. Puedes comértelo si quieres. Es tuyo. Sin problema.

Pero… —siempre tiene que haber un pero— si eres capaz de aguantar cinco minutos sin comértelo, te daré dos malvaviscos.

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Tan pronto como acabó la última palabra, abandonó la sala.

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No sabes lo lento que pasa el tiempo hasta que te dejan encerrado en una sala blanca sin tener nada que hacer.

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Mucho peor:

cuando sí tienes algo que hacer,

algo que comerte…

y ese algo es tu comida favorita.

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Los segundos parecen horas.

Los minutos, meses.

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Ese malvavisco se vuelve lo más suculento que has visto en tu vida.

Y en medio de tanto aburrimiento, te das cuenta de que tienes hambre.

Mucha hambre.

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No olvidemos que también tienes cinco años.

Y eso no ayuda.

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Efectivamente.

Acabas comiéndote el malvavisco.

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¿UN CUENTO?

Esta historia, también se conoce como el Experimento del Malvavisco, y fue diseñado por el psicólogo Walter Mischel en los sesenta.

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Muchos niños pasaron por aquella sala blanca.

Algunos eran capaces de aguantar la espera.

Otros no.

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Lo más curioso del experimento es que la cosa no acababa ahí.

Hicieron un seguimiento de todos los niños.

A lo largo del resto de sus vidas.

Colegio, institudo, universidad, trabajo, vida social…

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Los estudiaron durante años, y descubrieron una cosa.

Algo maravilloso,

y a la vez muy simpático.

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Aquellos a los que mejor les va en la vida son los mismos que fueron capaces de aguantar la espera.

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UNA CONCLUSIÓN

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Esta historia nos enseña algo muy importante.

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Que es que, para tener éxito en la vida, hay que ser capaz de posponer la gratificación.

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A largo plazo, siempre le va mejor a la hormiguita que a la cigarra.

Y la vida es un juego a largo plazo. .

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Todas las cosas importantes en la vida funcionan con interés compuesto.

Y la variable exponencial del interés compuesto es el tiempo.

Eso es así, y no admite discusión.

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Cuando te apetezca ir a tomarte una caña en vez de quedarte trabajando, visualiza el malvavisco.

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Quizá (y sólo quizá), si eres capaz de no comértelo, podrás tomarte un par de cañas más tarde 😉

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Hasta aquí la disertación semanal. Más sabiduría el proximo domingo.

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indiPe.

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