LA MEJOR FORMA DE AFRONTAR EL MIEDO

02_La mejor forma de afrontar el miedo

La historia del miedo es la más antigua de todas las historias: el cuento del dragón. Siempre guarda un tesoro y, si quieres ser el héroe, tienes que enfrentarte a él. Pero claro, es un dragón, lo cual quiere decir que da mucho miedo. Mucho.

Es un monstruo gigante. Un ente que reúne las cualidades de todos nuestros depredadores históricos, desde los tiempos en que vivíamos en los árboles. Vuela, tiene una piel inquebrantable, garras y dientes gigantes. Además, escupe fuego. Sin embargo, si quieres el tesoro, tienes que enfrentarte a él.

¿Cuál es el tesoro? El tesoro es aquello que más aprecias, aquello más ansías conseguir. Es todo aquello por lo que merece la pena pasar miedo. 

Es posible que estés pensando que para qué vas a enfrentarte a algo así, pudiendo quedarte tranquilamente en casa, viendo Netflix. Se está genial de peli-manta. Pero, si ese es tu razonamiento, que sepas que lo estás planteando al revés. Se trata de todo lo contrario. No estás más seguro cuanto más intentes apartarte del monstruo. Cuanto más pretendas alejarte, más cerca lo tendrás: dentro de tu cabeza. No serás tú quien controle tu propia vida, será el escupellamas. No decidirás cuándo salir de casa y cuándo no. Lo hará él por ti.

Es sólo el héroe el que sí controla su vida. Tiene tanto miedo como tú (obviamente, es un puto dragón). Pero la valentía no consiste en no tener miedo, sino en no ceder ante él, y en no dejar que te paralice.

Todo esto parece un estúpido cuento para niños, pero para nada lo es. Es La Historia. La más antigua de la humanidad. La metahistoria que está contenida en todas las historias, de una u otra forma. Lleva miles de años condicionando al ser humano, porque es la evolución social transmitida, durante la toda eternidad, por el conjunto de nuestros ancestros. Una información que ha ido refinando su narrativa durante todo ese tiempo.

Cuando algo está circulando durante tantos años, las cosas superfluas se van filtrando. Van desapareciendo poco a poco. Lo que permanece acaba siendo siempre lo fundamental. Y es que el dragón no es un dragón. El dragón es la representación de todo aquello que da miedo. De todo cuanto paraliza y te impide conseguir los tesoros que más deseas. Que te hace alejarte de ellos y vivir siempre con esa derrota en la cabeza. Imaginándote siempre cómo habría sido tu vida con ese tesoro del que, sin embargo, te alejas cada vez más y más. 

Escapas de él, de forma absolutamente voluntaria. Es una decisión que depende totalmente de ti, y que tomas libremente. Pero, culparás al miedo y, como siempre que culpas a alguien de tus problemas, te sentirás impotente y resentido. Porque por mucho que no tengas la culpa de muchas cosas que te suceden, siempre serás el responsable de la situación en la que te encuentras.

Igual que si apareciera un bebé en tu puerta. No es culpa tuya lo que le pase o haya pasado a ese bebé, no has sido tú quien lo ha abandonado. Pero ha sido así, quieras o no, y ahora está en tu puerta. Puedes tomar la elección de asumir la absoluta responsabilidad de la situación, o seguir mirando hacia otro lado.

Al final, la vida podría sintetizarse en esa sencilla (y compleja) decisión: asumir la responsabilidad de tu vida y el sufrimiento que inevitablemente aparecerá en tu camino, o seguir buscando excusas y culpando a todo o a todos excepto a ti.

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