La lección de las flores

T1 Episodio 49

Hoy vamos a ver una vieja historia zen, con una lección milenaria.

Cambiará tu forma de entender las relaciones.

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Estoy seguro de que tus seres queridos agradecerán que la hayas leído.


LA HISTORIA

A Juan le encantan las flores.

Le da un poco de vergüenza, porque piensa que sus amigos se reirían de él. Pero es lo que hay.

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Así que todos los días, al salir del trabajo, pasa por el parque y se para a contemplarlas.

Le gustan sus colores, sus formas, sus aromas. Es un hábito que le relaja. Simplemente detenerse un momento, en medio de la prisa del día a día. Y observarlas sin más.

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De vez en cuando se lleva alguna flor para casa. Y se la da a Ana, su novia desde hace dos años.

Llevan seis meses viviendo juntos, y todo va genial. Han sobrevivido a la convivencia, y Juan empieza a plantearse cosas a largo plazo.

Podría ser ella.

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Pero esta mañana, la cosa no está para flores. Han tenido una discusión. Una de las gordas. La más grande desde que viven juntos.

Y como suele pasar en estos casos, ha sido por una tontería.

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Juan es un tío extrovertido.

De los que bajan a por el pan y se hacen amigos del panadero. De los que se saben el nombre de los camareros. Y le gustan las fiestas, claro.

Pero a Ana, no.

Ella es introvertida. Se encuentra cómoda en círculos pequeños. Prefiere quedarse en casa viendo una buena película.

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Los han invitado a un cumpleaños, y no han sido capaces de llegar a un acuerdo.

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Ahí empezó la discusión.

Que si es una egoísta y nunca hace nada por él. Que si es una aburrida. Empezaron a salir asuntos que no tenían que ver, y la cosa fue escalando. Ya sabes cómo van estas cosas.

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El caso es que la situación quedó muy mal.

Y ahora Juan está allí en el parque. Sintiéndose más solo que nunca. Dándole patadas a una lata vacía. Percibiendo la mirada fija de las flores, como si quisieran reñirle.

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En medio de su distracción, se da cuenta de que tiene a un anciano a su lado. Parece hacerle gracia su sorpresa y le sonríe con amabilidad, apretando mucho los ojos. Es el jardinero del parque. Lo ha visto alguna vez por allí.

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El anciano se queda mirando al horizonte, con cara de maestro zen. Y le dice:

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—Hijo, ¿ sabes cuál es la diferencia entre que te guste algo y quererlo?

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Juan se queda un poco alucinado.

¿Qué respondes a eso?

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—La diferencia está en que cuando te gusta una flor, la cortas y te la llevas…

Pero cuando amas a una flor, la riegas y la cuidas todos los días.

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CONCLUSIÓN

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No sé si a ti te gustan tanto las flores como a Juan. Pero estoy seguro de que nunca es tarde para empezar a regarlas.

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Nos vemos la semana que viene.

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indiPe

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PD:

Hay veces en la vida en la que pierdes cosas por darte cuenta de tus errores demasiado tarde.

Y esas cosas pueden ser personas que jamás podrán ser reemplazadas.

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Estar perdido en la vida puede convertirte en un agujero negro del que todo el mundo quiere escapar.

No voy a darte consejos de pareja. Eso no es lo mío. Pero puedo echarte una mano encontrando tus objetivos y poniendo en orden tu vida:

ENCUENTRA TU MANZANA

Si tu vida ya está en orden y has encontrado tu propósito, pues nada, me alegro un montón. Igualmente, nos vemos el domingo 😉

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