LA CREATIVIDAD PERDIDA

Si vuelvo, es por simple obligación. Si no lo entiendes, tómatelo como uno de esos momentos peliculeros, en los que el noble protagonista se ve forzado a enfrentarse a sus más temidas fobias. Digamos que todo está bien, hasta el momento en que deja de estarlo. Ese momento que te hace pararte a pensar, que ensancha tu campo de visión existencial y, a su vez, te hace plantearte si todo estaba realmente bien hasta entonces. El sentido de las cosas es relativo y, hasta cierto punto, irrelevante. ‘Show must go on’. Yo añado que ‘it always does, no matter how’.

Te levantas un día por la mañana con la cabeza a punto de explotar. El mundo entero está comenzando a tomar una extraña curvatura, alrededor de la cual los cuerpos comienzan a perder sus propiedades físicas y químicas. El universo se pliega sobre sí mismo, resquebrajándose poco a poco, en derredor del agujero negro que antes era tu cabeza. La palabrería barata se consume lentamente en la hoguera. No crees en los extraños. La magia empieza a rebosar sobre un contenedor repleto. La oscuridad se cierne sobre la tierra. Lo que podría no haber sido real, ahora lo es. Lo que llaman real, está dejando de serlo. Confusión a raudales, contoneándose con un titubeante temblor. Enfermizo, temeroso, irreal. Ya no hay canciones. Ya no hay tímidas metáforas. No corren ríos de tinta,  ni sonrisas compartidas, ni lágrimas.

El día a día se engalana para poder prostituirse a la postre. Mientras haya movimiento, el precio es lo de menos. Las paredes siguen acercándose la una contra la otra, cada día más próximas. Y mientras tanto, el mundo ahí fuera, sigue plegándose sobre sí mismo. Deshaciéndose en mil pedazos que giran presos alrededor del mismo ojo de tornado. Pero, aún así y con todo, me importa una mierda la acidez de unas palabras que son mordaces pero insinceras, salvajemente viscerales y que hacen y deshacen por igual. Una culpa no compartida que da para algo más que lanzar platos imaginarios contra una pared de palabras. Un desahogo cruel y lascivo que termina donde empieza.

En busca de la creatividad perdida. Cuéntame un cuento, por favor.

Deja una respuesta