ENTREVISTA CON EL PAPIRO

—Podríamos titularlo «Entrevista con el Papiro».

—¿Perdón?

—Es un juego de palabras. He pensado… que como esto es una entrevista y…

—Ya, ya sé que es una entrevista. A eso he venido, llevo horas haciéndole preguntas, pero no veo a dónde quiere llegar.

—Pues, como bien ha dicho, llevamos horas. Horas interminables de seriedad, hablando como si tuviéramos las soluciones a todos los problemas de la humanidad. Creo que un poquito de humor no hace daño a nadie.

—Cierto, no se me había ocurrido, ¿qué opina sobre eso?

—¿Qué?

—El humor. Que qué opina. Como concepto.

—Veo que no baja la guardia… Espero que no sea igual de seria con todos los entrevistados…

—Le agradecería que se ciñera a las preguntas.

—Perdone, es que estoy cansado. Se suele comentar que la atención del cerebro en un mismo tema ronda los 50 minutos. Con entrenamiento o sin él, este tiempo fluctuará hacia arriba o hacia abajo.

»Yo intento entrenarlo todo lo que puedo, como recomendaban Epicteto y Marco Aurelio. Esa gente sabe lo que se decía. Pero no siempre es fácil. En gran medida, también depende de la motivación. O, dicho de otra manera, del interés que tengas en la materia en cuestión. A todos se nos ocurre alguna materia sobre la que podemos discernir durante horas.

»Respecto a su pregunta: sí, alguna vez me he parado a observarlo como concepto. Me maravilla el resorte que produce sobre la mente racional. Esas cosquillas en el cerebro son sólo equiparables a los grandes descubrimientos y a las grandes creaciones. Y, sin embargo, involuntario, momentáneo y automático. Algo que nos iguala. No todo el mundo tiene el mismo humor, eso es obvio. Pero el mecanismo sí que es común. Sólo varía el detonante. En esa parte es en la que más me he centrado, o mejor dicho, me gustaría centrarme. En qué desencadena el mecanismo.

»Me parece un tema del máximo interés y, al mismo tiempo, un arma poderosa. Alguna vez he hecho una breve búsqueda de bibliografía al respecto, pero no he encontrado nada digno de mención. Ninguna fuente fiable, quiero decir. Libros hay muchos, sobre todos los temas, obviamente. Pero sobre este tema no me he topado con ninguno que me dé garantías, de antemano, de que el tiempo de lectura merecerá la pena. Alguna vez retomaré ese hilo, ahora me preocupan más otras cosas.

—No es la primera vez que habla del tiempo de lectura y si merece la pena o no.

—Es un doble concepto, pero muy sencillo. El tiempo es nuestro bien más preciado. Lo único que nunca vuelve, que no podemos controlar. Mejor no malgastarlo. He bebido mucho de los estoicos y, hasta cierto punto, los considero mis maestros. No les gustaría verme perder el tiempo, de eso estoy seguro. Otra cosa es cómo lo conceptualicemos, si lineal, si circular… Podríamos hablar del eterno retorno, ya que, realmente, Federico era otro discípulo de los estoicos, en cierta medida. Pero tampoco quiero eternizarme con esto.

»La otra cuestión es la cantidad de información que te aporta algo. Y no depende tanto de la duración del elemento en sí, sino del tiempo empleado en crear el elemento. Intentaré explicarme. Un vídeo que dura 10 minutos no tendrá la misma información si se ha tardado una semana en su elaboración que si se han necesitado 10 años de investigación (siempre suponiendo que el autor no haya estado perdiendo el tiempo, volviendo un poco al punto anterior).

»De la misma manera, un libro casi siempre te va a aportar más aprendizaje que una serie o una película. No por esnobismo literario, ni por ser un hater de lo audiovisual. No es una cuestión de continente. Me refiero a los años de información acumulados, en el formato que sea. En unas pocas horas puedes hacerte con conceptos que, para su desarrollo, han necesitado de vidas enteras de dedicación. Saber esto es de un valor incalculable. Ganar años a cambio de horas. Es ganarle al tiempo. Ganarle a la vida en su terreno. Así que, si vas a dedicar tu tiempo a algo, es mejor saber si va a ser uso productivo o no.

—Y eso, ¿cómo se sabe de antemano?

—Bueno, vivimos en sociedad, ¿no? Realmente de ahí vienen los libros y la información que contienen. Si a alguien le gustan el 99% de los libros que te han gustado a ti, es razonable aceptar que una recomendación suya va a ser un aporte positivo. Si además diversificamos la fuente, creo que caminaremos sobre terreno firme. Al final, no hay nada nuevo bajo el sol…

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