EL ARTE DE HACERSE EL INTERESANTE

Aretha se deja la voz mientras el café se enfría. Llevas dos días aprendiéndote una canción de Chopin que te supera. Pero  te la aprenderás igualmente, porque es tu nueva obsesión. Otro más de esos divertidos y controladores pasatiempos que te permites. Mola y lo sabes. Siempre tenaz, aunque te digan cabezota. Eres interesante aunque ellos no lo sepan. No todos.

Leer para escribir y viceversa. Vivir para contar o al revés, qué más da. El orden y el sentido, pointless. Cada día más inglés, cada día con más personalidad, más lejos quizá. Carisma y don de gentes, mi locura transitoria. Cosas sin sentido que se alborotan. Se retuercen y revolotean buscando su sitio. En la cabeza, por supuesto. Escapando del hemisferio izquierdo al derecho, y por la ruta 66, nada menos.

En el fondo me gusta estar solo. Creo que nadie más me entiende. Y a veces ni eso. Todavía no converso con Zaratustra pero poco me queda. Creo que estoy más cerca que nunca de vivir mi propio Nirvana. Acabo de verlo un poco más claro. Las palabras del señor Grohl parecen tener sentido. Él lo hizo una vez. Y luego lo repitió. Puede no ser el mejor, pero es él. Igual que yo soy yo. Primer punto. Porque sí y nada más. Creo que yo quiero lo mismo. O parecido. El concepto es lo que me interesa. Primero el «y nadie me dijo lo que tenía que hacer», pero sobre todo, el «y nunca nadie más me dirá lo que tengo que hacer». Y a partir de ahí mi primera canción, el libro, la peli, los dibujos tuertos, los fans ganados y perdidos, los que volveré a ganar, la casa perfecta, el trabajo que deslumbrará a los demás. Una y otra vez. Porque lo que se hizo una vez se puede repetir.

«Apagar» o «extinguir», ese es el concepto que nos trajo el señor Schopenhauer. Y yo me alejo para ver mejor. Y lo que veo es que quizá no haya tanto que perder perdiendo. Y que quizá tanto miedo sea estúpido. Estoy viendo que, en realidad, nada vale tanto la pena. Me sorprendo diciéndome que lo que tienes y de verdad importa, va a seguir ahí hagas la estupidez que hagas. Y que las cosas que no tienes no las vas a perder. Con eso puedes estar tranquilo.

Veo que el opio de Carlos no es tanto la deidad, sino la esperanza que esta representa. Y así dejo caer uno de los pilares de la existencia humana. No tan cerca de la estupidez, aunque sí bastante arriba. Pero de buen humor. Hoy el señor Maslow tiene menos razón que otros días (meses (años)). Yo me lo creo porque cada nuevo día soy menos yo, pero un poco más mío. Más y mejor. Cada día tomando una nueva medida para mi terno de tweed, y ya él se va tejiendo solo. Siempre con estilo, like a Rolling Stone.

(escrito originalmente allá por el 2013)

Deja una respuesta