AUNQUE NO SEPAS SI VALE LA PENA

— Maestro, usted ha vivido mucho, es un gran sabio que todo lo conoce, y me gustaría pedirle consejo.

— Hijo, no es cierto que todo lo sepa, pues no hay nadie que alcance a conocer toda la realidad, si es que tal concepto existe. Pero, si es cierto que pueda ver más allá que el resto de los hombres, no será por ser más alto que ellos, sino por haberme elevado sobre los hombros de gigantes. Mi primer consejo es que tú también te eleves sobre los hombros de gigantes. Nunca dejes de aprender. 

— Gracias por tan noble consejo, maestro. No obstante, eso es algo que ya había escuchado años atrás, en labios de mi padre. Y es por eso que vengo hoy en busca de su ayuda. Desde que esas palabras llegaron a mis oídos, no puedo más que pensar en ello. Deseo tomar una decisión. Pero llevo años sin hallar una solución. Apenas como, apenas descanso y no puedo dormir. Me paso el día pensando en qué hacer con mi vida. En qué centrar todo el tiempo que me queda. Me gustaría alcanzar la excelencia en algo y poder ayudar cuanto pueda a los demás. Pero por más que busco, por más vueltas que le doy, no sé en qué. La sola idea de pensar en algo a lo que dedicar tanto tiempo, todo cuanto me queda, pesa como una montaña sobre mis hombros.


»Deseo fervientemente encontrar la ocupación perfecta. Y sé que una vez hallada no me pesarán las horas ni los años. No soy una persona perezosa, maestro. Estoy dispuesto a sacrificar mi tiempo y trabajar tan duro como me sea posible. Pero no sé en qué. Llevo años dándole vueltas y no encuentro salida ni solución. A qué dedicar toda una vida. Qué hay tan valioso como para volcar en ello cuanto me queda de existencia. Hace años ya que llevo buscando una respuesta y no logro alcanzarla, ni siquiera acercarme. Esto me aflige sobremanera maestro. Ayúdeme por favor. 

—Te entiendo bien, pues yo mismo he caminado ese sendero. No es cuestión de a dónde llegar, sino de ver o no ver progreso. La meta que tú elijas sólo te va a servir para una cosa: para ver o no progreso. Para ver si te estás acercando o no, para ver si estás perdiendo el tiempo o no. Tu objetivo no es alcanzar una gran hazaña, ser el mejor en algo o ser reconocido por toda la humanidad. Tu objetivo es no convertirte en un resentido frustrado. 

»Imagínate que la vida es un viaje en barco. Eliges un destino al que dirigir tu proa y navegas hasta llegar a la costa. Una vez allí, puede que te guste o puede que no. Puede que quieras quedarte o puede que quieras ver más sitios. Puede que te arrepientas. Pero has estado allí. Has aprendido algo, que no te gusta ese sitio y que no quieres volver. A partir de ahí vuelves a estar en la misma situación que al comenzar tu viaje. No sabes a dónde quieres ir. Pero sabes que tu destino es viajar y ya sabes un sitio a donde no regresar. Tu viaje durará años. Nunca sabrás a dónde ir. Pero cada vez irás conociendo más lugares a los que no quieres volver, y otros tantos a los que sí. Habrás aprendido. Habrás visto progreso. Habrás recorrido el mundo. Habrás conocido a gente que te habrá marcado. Habrás vivido y habrás disfrutado. Habrás sufrido también. Pero habrás visto progreso.

»La alternativa es quedarte quieto. Dejar a la deriva ese barco que es tu vida. Esperar y esperar a elegir un destino. A elegir el destino perfecto. Porque cada persona sólo dispone de un viaje. Puedes pasarte años seleccionando la meta perfecta. Buscando un lugar que realmente compense la larga travesía necesaria para llegar. Pero habrá pasado mucho tiempo. No habrás estado en ningún sitio. No habrás aprendido nada. Culparás a los demás y no tomarás responsabilidad, ya que, al fin y al cabo, no puede ser culpa tuya algo que no ha sido una elección tuya. No te darás cuenta de que sí lo ha sido (por omisión) y de que sí que eres el culpable. Elige un destino y esfuérzate en alcanzarlo. No te quedes nunca parado. Si no te gusta, vete a otro sitio. Aunque no sepas si vale la pena.

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