AHÍ ESTÁ, EL MIEDO

Ahí está otra vez, esa especie de voz en mi cabeza. Aunque no es exactamente una voz, es más bien una sensación. Es como una especie de presencia que me transmite una idea. Como si me llegara el significado de una frase, sin que nadie la hubiera pronunciado. No sé si es real. Puede que me esté volviendo loco.

Lo que sí sé que sí es real es la presión que siento en el pecho. De eso sí que no tengo dudas. Eso y la niebla que nubla todo lo que hay en mi cabeza, la falta de claridad. Quiero pensar, quiero llegar a alguna conclusión. Pero no puedo. 

De vez en cuando, esa presencia viene acompañada por los fantasmas del futuro y los monstruos del pasado. A veces, invertidos, a veces, diluidos en la nada. Imperceptibles. Otras, entrelazados y bailando en un mar de sombras. No puedo verlos, pero están ahí, te lo prometo. Cuando me acuesto por las noches, siento su aliento tras mi oreja. 

No siempre me dejan dormir y, cuando lo hacen, duermo mal. No puedo verlos, pero puedo sentirlos. Te prometo que están ahí.  Me gritan desde dentro que todo va a salir mal. Que voy a fracasar,  que si no hago este trabajo de forma absolutamente ‘perfecta’ y lo entrego a tiempo tiempo, voy a perder a todos mis amigos, mi empleo.

Me gritan que voy a estar solo para siempre, que mi familia me dará la espalda. Que puede que todo eso suceda, incluso haciéndolo todo ‘perfecto’. Me grita tan fuerte que no puedo escuchar mis propios pensamientos. 

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